La estructura y el baile

La estructura y el baile

Uno de los temas que más obsesiona a los bailadores y bailarines que llevan cierto tiempo en baile latino es la estructura. Esto parte de un hambre que tiene sentido: es fácil reconocer que todos los géneros musicales tienen estructuras y que, si una quiere bailar mejor, a ver, algo tendremos que saber de cómo se “monta” un tema musical… porque se busca reproducir esa estructura en el baile.

Se habla mucho de la estructura musical de la salsa… como si la salsa existiera como género musical. Y bajo “estructura” en realidad solo se habla de la estructura en melodías. Tampoco sirve decir “Bueno, no digamos salsa, sino digamos son cubano”, porque entre el son tradicional, el de conjunto que se inaugura en los 40 y el son montuno hay diferencias notables.

Si hablamos de melodía, un son “estándar” (o sea, un son de conjunto como Llorarás de Oscar d’León o una timba como Ábreme la puerta de Calle Real), la estructura es la que habéis escuchado mil veces:

  1. Introducción
  2. Cuerpo
  3. Puente
  4. Montuno (incluye mambo o descargas)
  5. Coda

Un son montuno, en cambio, modifica la estructura empezando ya por coro y respuesta, como por ejemplo:

Pero mucha música que se escucha en determinados sociales donde el público busca explorar su conocimiento musical es, paradójicamente, más bien jazzística. Y el jazz tiene como característica básica la flexibilización de las formas:

¿Mambo? El mambo (que no sea el mambo-jazz), el chachachá (que no sea el son-cha) y el bolero (que no sea bolero-son) tienen una estructura en pares totalmente diferente. Suele ser una alternancia en una melodía A y otra B en un ciclo, sin mayores variaciones internas más allá de alguna descarga.

Y, por supuesto, los músicos realmente no piensan en estos términos. Los músicos se guían por una estructura macro, pero lo que les interesa mucho más es el juego de armonías y crear un tema que pegue y que exprese lo que quieren expresar. Las reglas están ahí, pero se rompen tal y como están ahí…

Lo importante es entender una lección que los columbianos conocen muy bien: bailar es un diálogo con la música (en el caso de la columbia, con el quinto). Para eso hay que conocer las reglas, pero hay que tener el oído afinado y hacer crecer la interpretación a partir de ideas que tengan un asiento en la música.

Como ejercicio, porque estoy un poquito divertida hoy… qué tal si en redes compartís cómo bailaríais este beguine

… ¡y en el próximo artículo comentamos!

Foto: Celia Cruz y Johnny Pacheco bailando guaguancó en Zaire ’74 (AARP)

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