¿Qué es exactamente el mambo?

¿Qué es exactamente el mambo?

Cuando uno tiene días demasiado libres en casa, uno tiende a hacerse preguntas. Y si uno no tiene la compañía de todo el equipo del Laboratorio, pues uno, la verdad, se aburre. ¿Dónde están las pausas para el café? ¿Dónde están los trámites burocráticos? ¿Y los constantes errores garrafales de todo el mundo? (Nunca míos, por supuesto). Cómo extraño echarles la bronca a los becarios, maldita sea.

En uno de esos momentos «yendo de la cama al living«, como cantaba Charly García, recibo un mensaje de un colega investigador de las Ciencias Danzarias. Decía esto: “Doc, tenemos un problema: ¡hemos detectado que un porcentaje cada vez más alto de personas están usando la palabra ‘mambo’ sin control!”. No sabía muy bien qué responderle, así que, como hijo de tiempos antiguos (y un poco ávido de hablar de forma más humana, que no me atrae tanto que la comunicación sea casi exclusivamente por escrito), decidí llamar. Después de los intercambios rutinarios típicos de una llamada (preguntar qué tal, contestar algo vago a esa misma pregunta, introducir un comentario irrelevante antes de entrar en el tema, etc.), pregunté:

-¿Y cómo quieres que te ayude? Tienes un equipo muy bueno allí en Kuala Lumpur y yo estos días estoy sin el equipo ni poder ir al Laboratorio.
-Me he enterado de que escribes un… blog, ¿no?

La verdad, hasta ahora había intentado evitar dar a conocer este medio entre los colegas de profesión (somos muchos los investigadores en Ciencias Danzarias, pero somos invisibles…) no por miedo a ser juzgado, sino porque tengo demasiadas cosas que hacer que estar atendiendo preguntas de gente curiosa. Sí, estoy un poco cascarrabias.

-¿Puedes escribir algo? ¡A ti te harán más caso! -me preguntó, sin más preámbulo.
-Veré qué puedo hacer… -dije, pensando que al menos esto iba a sacarme del tedio.

El qué es el mambo (y qué no) es un tema fundamental. El hecho, comprobable sin necesidad de un Laboratorio de alto nivel, es que los términos “mambo”, “mambero”, etc. se han puesto de moda en una ciudad que, años ha, era el reino del estilo Los Ángeles, de social y de competición, y del casino, más o menos “timbeao”. Y no solo en Barcelona: la fiebre del mambo se extiende por todo el mundo… ¿pero es mambo? Y luego en muchas sesiones se habla de que se “toca mambo”… ¿pero es mambo?

Musicalmente, el mambo es un género cubano surgido a finales de los años 30 y principios de los 40… cuya paternidad se sigue discutiendo porque a un género musical no se le puede hacer la prueba de ADN; algunos candidatos son Arsenio Rodríguez o Antonio Arcaño con los hermanos Israel López “Cachao” y Orestes López (quien luego creara el “danzón de ritmo nuevo”… nombre de verdad del chachachá). Lo que está claro es que el género mambo es una “expansión” de la sección final de percusión (la coda) de danzones como Obsesión de Acerina. Los primeros mambos sonaban así; fijaos en que no cumplen la estructura de introducción, cuerpo, puente y montuno y que las congas acentúan 3-4-5 y 7-8-1 (¡pero no es un chachachá!):

 

Luego, el mambo se popularizó a mediados de los 40 bajo el formato de big band con nombres como Benny Moré, Dámaso Pérez Prado, nuestro inigualable Xavier Cugat (al que le deberíamos hacer algún homenaje en Barcelona), José Curbelo, Machito y, cómo no, el propio Arsenio Rodríguez; todos cubanos, excepto Cugat (pero criado en Cuba). De la orquesta de Machito sale un señor llamado Tito Puente y de la de Curbelo un tal Tito Rodríguez, el primero neoyorquino hijo de puertorriqueños y el segundo, puertorriqueño. Los “dos Titos” y Machito son los que prácticamente dominan la escena neoyorquina en los 50 en la llamada Mambo Craze (“La Locura del Mambo”)… hasta que, como con todas las modas, a finales de la década el interés decae, no se podían afrontar ya los enormes costos de contratar big bands, cierran los salones de baile y se suele poner como fin de la “Era del Mambo” el cierre del famoso Palladium en el año 1964.

A partir del año 1964 es muy difícil encontrar mambo, salvo por Tito Puente y Machito, aunque ambos acabaron derivando a un mambo-jazz. Tito Rodríguez acaba tocando y cantando boleros (era un cantante excepcional) y, de hecho, se lo conoce más como bolerista en ciertas partes de Latinoamérica que por sus mambos. Sí, hacia los 70 algunos músicos de inspiración jazzística utilizaron el mambo (Larry Harlow, Ray Barretto, Louie Ramírez, Cal Tjader, entre otros), pero como parte de un sonido híbrido que algunos preferimos llamar Latin Jazz.

En las sesiones destinadas a «mamberos» se suele escuchar música más bien de lo que surge a partir del 64: un nuevo son actualizado puertorriqueño y neoyorquino tocado por agrupaciones que seguían el formato de la charanga cubana. Esto surgió en buena medida por la crisis económica del sector, que obligó a reducir el número de músicos en el escenario, y por el nuevo contexto político tras la victoria de la Revolución cubana en 1959. De todo esto ya hablaremos en otra ocasión; es decir, cuando otro colega me moleste por teléfono.

Así que no, si suena Johnny Pacheco no es mambo.

¿Entonces por qué hasta en Nueva York, epicentro de la “cultura salsera” después del bloqueo a Cuba (permanente desde 1962), se habla de “mambo”? Por el baile. Pero entonces la pregunta científica es: ¿qué es bailar mambo?

En Cuba solo se bailaba en escenarios de cabaret; no era un baile social… y sigue siéndolo. En Nueva York el baile llamado «mambo» se populariza en los 40, sobre las cenizas de la II Guerra Mundial… y antes, la moda había sido el swing. El swing de los 30 origina dos cosas, el rock y el mambo del Palladium que tienen muchísima más relación de lo que parece y, si no, preguntadle a Juan Formell qué quiso decir en Esto te pone la cabeza mala con: “Timba con rumba y rock, / mambo con conga y pop, / salsa con mozambique / y clave de guaguancó // Cumbia con jazz con swing / songo con samba y beat / merengue con bomba y son / y clave de guaguancó”. El mambo de los neoyorquinos en los 40 y 50 se parece más al twist y al rock que a cualquier cosa y, por supuesto, casi no tenía figuras en pareja: gran parte de cada tema se bailaba sueltos (¡pero conectados, que no es lo mismo!). Sin embargo, hereda de la rumba y, especialmente de la columbia, esa idea de “demostración de destreza” que acaba siendo toda la filosofía de los shines (de to shine “brillar”): hacer pasos que muestren la destreza en pista. (Y de aquí surge otro producto netamente neoyorquino: el vogue, pero el cómo el mambo pasa a derivar al vogue, eso otra historia…)

¿Pero no bailan en pareja en Nueva York, como podemos ver en este vídeo de un conocidísimo social de la ciudad? ¿Esto no es mambo?

No, no es mambo en el sentido de los años 50 ni mucho menos en el sentido cubano. En realidad, es una forma particular de bailar son (el tema es un son guaguancó). Casi toda la técnica de pareja de los bailes “salseros” procede del son y el casino cubanos. En sentido estricto deberíamos hablar de “estilo neoyorquino de bailar música del complejo genérico del son». Lo que delata su origen es que en casi cualquier vídeo de baile social (no de bailarines haciendo un «show social»… tened cuidado con qué vídeos consumís) los bailadores neoyorquinos bailan al contratiempo estricto, es decir, al tiempo de son. Independientemente del conteo que puedan llegar a usar en las clases, fijaos cómo en los sociales los bailadores pisan siempre un pie (izquierdo o derecho) cae en el 4 o el 8 (con la tumbadora, el tumbaíto del bajo o con el tercer golpe del «lado 3» de la clave).

Aun así, al estilo neoyorquino actual se lo llama “mambo” por puro accidente. En los salones de Nueva York sonaba mambo principalmente, pero también sonaba son montuno, son guaguancó (lo que luego se vendió como “salsa dura”), bolero, chachachá, etc. Cuando sonaban esos otros géneros, se bailaba como se bailan: en pareja. Sin embargo, al dejar de estar de moda el mambo y comenzar a tomar la delantera esos otros géneros, el nombre quedó para la forma de bailar en general. No es incorrecto decir mambo si nos referimos a la forma de bailar de los neoyorquinos, pero es importante entender de dónde proviene para no creer que el mambo cubano, el mambo del Palladium y el mambo de ahora son lo mismo. Los une parcialmente la música y la historia, pero son cosas distintas.

Debería hablar aquí de Eddie Torres y su Break On2, pero requeriría muchísimo más espacio para explicar bien “el problema” que comporta ese estilo. Solo dejo aquí una explicación de Franklin Díaz en esta entrevista [min 02:00] en que explica por qué el «On2» no es mambo (en ninguno de los sentidos). De Torres solo diré que su creación está inspirada en el estilo propio de NY, pero fue una “sistematización” basada en los conocimientos de bailes de salón de su pareja de baile de entonces: June Laberta. El propio término break on 2 “salir en el 2” es un término técnico del ballroom, no un término del vocabulario danzario latino. Influyó e influye muchísimo y como método pedagógico ha sido un éxito mundial, pero explicar cómo encaja en el estilo NY requiere un artículo por sí solo.

Como esto ha sido muy largo, os dejo un pequeño resumen:

  1. Musicalmente, el mambo es un género musical concreto que casi no suele pincharse en las sesiones. Esas sesiones toman el nombre más bien del estilo de baile que del género musical.
  2. El estilo de baile en pareja que se llama “mambo” hoy en día es, más bien, una interpretación particular neoyorquina del baile popular cubano (el son y el casino). Toma el nombre porque nació durante la Locura del Mambo. El mambo neoyorquino fue una adaptación del mambo cubano de cabaret a un baile de destreza informal, normalmente en solitario.

¡Bueno! Creo que ha salido algo potente y valioso para mi querido colega en apuros. Ahora la pregunta es, después de escribir todo esto, ¿en qué ocupo mi tiempo? Se me ocurre llamar a los becarios para preguntarles cómo están, pero va a parecer que los extraño y no voy a permitirme ese lujo emocional delante de ellos… Bueno, quizás les mando un mensaje. Ya veré…

Doc out

P.S: Partes de este artículo necesitaron del conocimiento y los consejos de mi gran amigo y maestro Cristian Mauricio Vera (Facebook / Instagram).

Foto: Congas (Créditos: Jimmy Malmsten, @captured.by.jsm)

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