¿Qué es una buena clase de baile social?

¿Qué es una buena clase de baile social?

12:30 PM. DanceLab. C/Concili de Trento, 46, Barcelona. Entro por la puerta secreta que lleva al Laboratorio de Ciencias Danzarias de DanceLab y veo algo que no está nada bien. Me encuentro con que mis becarios no están en sus puestos de trabajo en el Laboratorio, sino charlando con cafés en la mano, con todo el instrumental sin activar y todo el trabajo por hacer. Al verme, intentan fingir que estaban discutiendo sobre nuestro último proyecto (clasificado), pero soy un viejo zorro de la investigación: en mis tiempos también intentaba escaquearme de las órdenes de mis superiores… Ya no hay trucos de estos vagos que valgan conmigo.

-¿Cuál era el tema tan interesante que os impide trabajar en …? -dije, poniéndome la bata de trabajo (elimino las referencias a nuestro proyecto confidencial para que no nos quiten los fondos).
-Es que ayer estuvimos estudiando varias muestras de clases de baile y… -contestó una de mis becarias, la más prometedora.
-¿Y…?
-Hay discrepancias estadísticamente significativas sobre la proporción de elementos que componen una clase de baile social, Doc.
-Interesante. Contadme más -contesté, sentándome en una de las butacas mientras el novato con ganas de agradar a toda costa me servía un café que no le había pedido.

Resulta que el equipo (usando horas de trabajo que tendrán que recuperar el fin de semana) había descubierto lo siguiente: que hay dos tendencias fundamentales sobre cómo plantear una clase de baile social. Una es la que prioriza el que los alumnos puedan “funcionar” en pista social cuanto antes, enseñando pasos y figuras lo antes posible. La otra es la que prioriza que los alumnos aprendan conceptos generales de baile y música antes que cualquier otra cosa.

Es fácil encontrar razones para ambos extremos y también para buscar un justo medio entre ellos. Escribir ese artículo en que se defienda que todo el mundo tiene razón de alguna manera sería lo más sencillo del mundo, pero vosotros no venís a leer El Blog del Doc para leer tonterías. No, el Doc se moja cada vez que puede, que para algo tengo un título de doctor: enseñar pasos y figuras lo antes posible es la vía más fácil pero menos pedagógica de enseñar a bailar socialmente.

Bailar no es simplemente encadenar pasos y figuras. Quiero que veáis este vídeo.

Evidentemente Magna Gopal y Angelo J. Rito están ejecutando pasos y combinaciones que podemos llamar figuras, pero el foco no está en eso en absoluto. Es más, un rápido vistazo a los comentarios de YouTube (¡leerlos es siempre un magnífico experimento sociológico!) muestra que hay quien dice que eso “no es salsa”. Lo que vemos son dos bailarines haciendo literalmente lo que les da la gana; eso sí, siempre respetando el compás, siguiendo distintos instrumentos y siempre buscando la comunicación. ¿Están bailando mal o son unos genios de la vanguardia salsera a los que todos deberíamos imitar? Las respuestas a estas preguntas van a depender más de la psicología del lector que de otra cosa, pero, la verdad, no importan: lo importante es que se están divirtiendo sin seguir casi ninguno de los esquemas “habituales”.

¿Qué es lo que tiene que enseñar una clase de baile social? Recursos para que cada bailador sea un pequeño científico de su propio baile. Obviamente las combinaciones son recursos y la técnica de ejecución es fundamental para que la clase de baile sea de baile. Sin embargo, estamos hablando de baile social, es decir, de enseñar a bailar improvisando en una pista con personas que no necesariamente conozcamos con música que quizás no conozcamos. Para eso es absolutamente necesario enseñar ante todo a comunicar. Comunicar de verdad implica un respeto por el otro y aprender un lenguaje común que tiene su base en la música.

No es que las figuras no sirvan: son un instrumento más para conseguir el objetivo, pero lo que está más que comprobado es que su abuso está más que extendido y lleva a la figuritis, patología descubierta por el gran equipo de investigadores de Son y Casino en Washington, DC: consiste en una enfermedad que confunde al bailador a buscar solo la técnica compleja pero sin comunicación entre la pareja y la música y nada. Dominar la técnica significa no ser dominado por esta misma: es necesario saber utilizar la técnica como un instrumento más para que, al final, el disfrute en pista sea el máximo. Esto es lo que tiene que enseñarse en una verdadera clase de baile social. Lo que pasa es que a veces es más fácil vender esa idea de que uno va a poder bailar en pista de forma espectacular en pocas clases, pero construyendo la casa por el tejado.

Estamos hablando de baile como un instrumento de socialización, de compartir momentos y de aprender cultura musical y danzaria. Esa es o debería ser la base sobre la cual se debería construir todo el resto. Conocer esas bases, aunque quizás “retrase” el estreno de los alumnos en las pistas sociales (tampoco lo retrasa tanto, la verdad sea dicho), les da medios para ir descubriendo y creciendo de forma autónoma… y rendir mucho más en clase justamente por tener esos medios a mano. Esto es una ley de la naturaleza, casi como la ley de gravedad: mientras mejor sea la base, mejor será lo que se construya sobre esta.

-¿Podemos publicar esto? -me pregunta la becaria rebelde.
-Por supuesto, pero me ponéis como autor principal a mí y ahora os ponéis a trabajar, que vamos tarde.

Me levanté de la butaca apurando el último sorbo de café y salí del Laboratorio. Me esperaban en un conocido restaurante de la línea de playa en Castelldefels. Mientras tanto, dejadme vuestros comentarios sobre cómo creéis que debe ser una buena clase de baile social, así agregamos vuestras ideas a nuestra base de datos para procesarlos.

Doc out.

Foto: Clases en DanceLab (Créditos: Jimmy Malmsten, @captured.by.jsm)

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