Xavier Cugat: El Nostre Rei de la Rumba

Xavier Cugat: El Nostre Rei de la Rumba

En el documental maravilloso Xavier Cugat: sexe, maraques i chihuahues, el fundador de Irakere, Lázaro Chucho Valdés dice lo siguiente: “[Cugat] llegó a conocer muy bien la música tradicional cubana. Fue uno de los primeros que la metió así a Hollywood y la metió vestida de traje, con elegancia”. Y la verdad, para qué escribir yo una introducción si el mismísimo Chucho Valdés me la hace, ¿no?

De la relación de Catalunya con la música cubana hay mucho que hablar y de muchos aspectos… pero el más importante es una persona: Xavier Cugat, el Cugi, el Rey de la Rumba, el personaje, el caricaturista, el Latin Lover, el actor, el empresario… el que lo fue todo habiendo comenzado de la más absoluta nada.

No quiero escribir una biografía. El documental es buenísimo y ya la hace perfectamente. Yo quiero hablar de Cugat y de mí, como amante de la música afrocubana… y afrocaribeña en general (porque hablar de Cugat es hablar también de bossanova…)

Para mí Cugat es tan mito como lo fue para una generación anterior y no me cabe en la cabeza que en el mundo “salsero” (o “mambero”) de Barcelona no se tome en cuenta a Cugat. En el mundo jazzero, en los círculos de melómanos, para todos los catalanes y… mucho más… toda la generación de nuestros abuelos, etc., Cugat es ese mito… Mi abuela tenía discos de Cugat… en Buenos Aires… ¿Y quién no ha visto Bathing Beauty (1944, Escuela de Sirenas) y la famosa escena de la orquesta de Cugat en la piscina? Son hitos que están en la cultura general. Cugat es cultura general, como lo es el que fuera su amigo, Dalí.

Pero en el ambiente que igual debería ser el que debería tenerlo más cerca es, paradójicamente, el que más lejos lo tiene. Entiendo que su música es para un público más dado a música de cierta época y para ciertos eventos que buscan ese público (no haré publicidad a nadie, pero todos sabemos a qué eventos de la ciudad me refiero), pero ni suena en esos eventos.

Cugat, como he dicho, fue muchas cosas. Musicalmente fue un genio de la orquestación y cazando talentos. Componer compuso poco y más hacia el final de su carrera. Y para ver cómo de genio era, comparemos dos versiones de Bruca Maniguá de Arsenio Rodríguez, la original grabada por la Orquesta Casino de la Playa, y la grabada por la de Xavier Cugat… ambas cantadas por Mr. Babalú, el único Miguelito Valdés.

Esto no es cuestión de gustos. La de Xavier Cugat es muchísimo más efectiva a un oído occidental, porque esa orquesta estaba pensada para Hollywood: una intro extendida, mucho más color orquestral, mucho más pirotécnica, más todo en menos tiempo. Es un arreglo milimétrico para esa nueva industria que estaba surgiendo en la costa oeste de los EE.UU., el cine.

Todo Cugat es espectacular. Su vida, su música, todo era aspirar a ir a por lo más grande y exagerado posible, pero, al mismo tiempo, sin perder nunca los límites. Y si tenía que modificar algo, lo hacía… Jungle Rhumba (Canto Karabalí) es uno de los mejores ejemplos de cómo Cugat se tomaba la libertad de remezclar todo: lo yoruba, lo abakuá, el guaguancó, el trópico estereotípico, el pasodoble español, el mambo… y hacerlo bien, sin que nada sea un pegote… Y principalmente porque se rodeaba de los mejores.

Solo a él se le podía ocurrir transformar a una chica judía de Brooklyn, totalmente desconocida, como Abbe Lane y hacer de ella posiblemente el símbolo de cómo cantar el chachachá, el bolero y el mambo en EE.UU. De acuerdo, no era Rita Montaner, ni era La Lupe, ni era Celia… pero el objetivo de Abbe Lane no era llegar al público hispanohablante, era llegar al público de Hollywood y al de la alta sociedad que iba a escuchar a Cugat en el Waldorf-Astoria de Nueva York.

El peligro aquí es que me ponga a escribir de Abbe Lane en vez de seguir con Cugat. Eso sí, escuchadla con Tito Puente también… Quizás algún día le dediquemos un artículo, porque creo que hay mucho que hablar de ella… Así que sigamos con el viejo Cugi…

Cugat modificaba los ritmos, los géneros y era bastante libre en general en todo lo que hacía. No era un tradicionalista como lo podían ser Machito, Tito Rodríguez o, un poco menos, Tito Puente. En uno de sus pocos álbumes donde él compuso los temas, Cugi’s Cocktails (1963), sí Singapore Sling es una rumba por ritmo… y no… es también muchas cosas a la vez… Y lo mismo Rum and Coca-Cola (“mambo”)… y todo el álbum. Este último álbum tiene esa cosa bonita de ser una especie de despedida donde él acaba de demostrar quién es él realmente, después de una carrera más bien dedicada a rearreglar temas ajenos (cosa que no le quita ningún mérito).

Yo siempre he sido muy escéptica con la evolución contestataria, especialmente en el baile. La evolución contestataria realmente es simple deconstrucción, sin ningún fundamento. Modificar por modificar, sin un criterio, sin un objetivo comprensible para el público… Eso es un acto egoista que no va a ningún lado, parafraseando a Sir Roger Scruton.

La diferencia con Cugat es que él se dedicaba al público. Se tomaba licencias pero todas respondían a cosas que debían funcionar y que solo comenzó a hacer después de demostrar que dominaba a la perfección todo el repertorio afrocubano más tradicional… Por ejemplo…

 

De ahí que la vez pasada os pidiera yo que bailarais un beguine… y no cualquiera, sino un tema que “dio la vuelta al mundo entero”, en palabras de Cugat: Begin The Beguine. El beguine entendido de esa manera es, literalmente, un invento de Cole Porter y Xavier Cugat que nació de un accidente: les faltaba un número en un concierto en y decidieron crear una especie de rumba abolerada para ver qué pasaba. De hecho, en la primera grabación de 1935 la calificaron como rumba y tenía letra. 

En ambos vídeos (gracias, chicos!) os disteis cuenta del compás asimétrico típico del bolero (corto-corto-largo, corto-corto-largo… como se suele enseñar en salón). Ahí se ve justamente que el invento es invento, pero no tanto. Y si hacéis la prueba, hasta le podríais meter un poco de bachata, dividiendo el “largo”. La melodía, por su lado, es una melodía más típica de un arreglo orquestal sin más… de hecho, de “latina” tiene más bien poco.

Y esa es la magia de Xavier Cugat: de alguna manera fue un explorador de caminos y alguien que le entregó a un público totalmente ajeno a la música afrocaribeña una muestra del Caribe. Adaptada, sí, pero valió para crear ese gusto, acostumbrar a nombres como rumba, guaracha, mambo… Sin él la revolución del mambo de los 40 y 50 en NY, o la posterior de las charangas en los 60 y todo lo que vino después… quizás habría ocurrido igualmente, pero quizás sin incluir al público de habla inglesa.

A en Cugi li devem retre un homenatge. De debò…

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Por cierto, la que también se va a pegar un pequeño homenaje soy yo y creo que todos… Este agosto el blog de DanceLab baja la persiana hasta septiembre, que volveremos con más cosas nuevas, más temas y más variedad. Os mando muchos, muchos besos desde la vieja Iruña! Maite zaituztet asko! Os quiero mucho!

Foto: Fotograma Xavier Cugat: Sexe, maraques i chihuahues (Diego Mas, 2016, para TV3 y RTVE)

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